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Después de visitar la exposición de esta gran desconocida leonesa que se dedica a pintar, vuelvo a casa con la sensación de haber hecho un maravilloso descubrimiento: Herminia de Lucas, pintora leonesa, existe.

El Instituto Leonés de Cultura  (sala Provincia) y el Centro Leonés de Arte, comparten una exposición de más de 150 obras de esta gran artista que podrá contemplarse hasta el 29 de Mayo de 2011.

La exposición hace un recorrido por toda la obra de Herminia y sumerge al espectador en su mundo haciendo que se de cuenta de la compleja evolución que la obra de esta pintora desarrolla.

Me centraré en la segunda parte de la exposición (la que puede visualizarse en la Sala Provincia) puesto que es para mí lo más interesante ya que muestra el punto máximo de madurez del trabajo de De Lucas (aunque bien es cierto que es imprescindible conocer la primera parte de su obra para poder llegar a apreciar su cumbre).

Cuando entro en la sala, me quedo asombrada con lo que contemplo. Se trata de una explosión de colorido con un poder transmisor de sensaciones equiparable a obras de grandes pintores del Expresionismo Abstracto (no estoy exagerando, esa fue mi sensación). Esto hace que me quede sin palabras. Por supuesto, no me lo imaginaba… he de sincerarme y decir que entré a ver la exposición por casualidad y que no me esperaba lo que allí encontré. Ni mucho menos. Mis expectativas eran realmente muy bajas. Una vez echado el primer vistazo me preparo para detenerme delante de cada pintura y asimilar lo que el primer fogonazo de color me había transmitido.

Paseo por las salas y me voy dando cuenta de la gran maestra que es esta señora. En mi mente va cambiando el concepto con el que entré y voy valorando y asumiendo la sugerente obra pictórica que contemplo. Me inunda una tremenda alegría al comprender lo que esta ciudad engendró con Herminia de Lucas: un gran tesoro artístico.

Es impresionante contemplar como con lo mínimo se pude conseguir el máximo. Con unos trazos abstractos cargados de colorido, de masa pictórica, de intensidad, de luminosidad y de sentimiento, el espectador adquiere todo lo necesario para completar la obra que tiene delante con su mirada. Una obra abierta en la que hay que imbuirse para realzar ese esquematismo que la pintora propone y convertirlo en algo más.

El color es fundamental en su obra pero también las texturas, lo matérico y por supuesto el mismo proceso creativo y no tanto el resultado final; tarea que corresponde al espectador realizar.

Los paisajes de Herminia son auténticos campos de color al más puro estilo Rothko, que nos proponen no tanto una realidad sino más bien sugerencias, sensaciones, sentimientos y pasiones de la propia vida de la pintora. Una vida cargada de pasiones y de poesía que son traducidas por evocadoras pinceladas.

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Ponerse en el lugar del otro es la mejor manera que uno puede encontrar para comprender una situación ajena… Esa una de las mejores enseñanzas que Gervasio Sánchez deja en mí después de haber visitado con él parte de su trabajo fotográfico “Desaparecidos” que el Musac expone actualmente.

 

Este fotoperiodista cordobés y afincado en Zaragoza, lleva muchos años realizando un trabajo de documentación que tiene como fin último luchar contra el olvido. El olvido de aquellas personas que un día desaparecieron de forma forzosa y dejaron a su alrededor a unos familiares perdidos y angustiados ante la incertidumbre de cual sería el paradero de su ser querido si es que todavía lo había… Y lo hace fotografiando personas, objetos o lugares que están relacionados con situaciones de desgracia como la desaparición de un ser querido del que nunca más volvieron a saber nada.

 

Las fotografías de Gervasio Sánchez son realmente conmovedoras y llegan a lo más profundo de los sentimientos del que las contempla. Son retratos de personas que ansían volver a ver a los suyos, son fotografías de objetos que pertenecieron a la persona desaparecida y que los familiares guardan como el tesoro más preciado, es el rictus del inmenso dolor de aquellos a quienes algo muy querido les fue arrebatado… un dolor que, en ocasiones, es mucho mayor en quien se queda que en quien ya se ha ido…

 

Con su trabajo, el fotoperiodista reivindica a los estados la implicación necesaria para atajar el problema de búsqueda de personas o restos de personas de los que nada se sabe desde hace mucho tiempo pero que sin embargo sí hay alguien que los espera con ansias y con amor para poder darles lo que se merecen, una digna sepultura, un último adiós…

 

Este es un problema que muchas personas ignoran, pues no tienen implicación directa con el caso, pero que realmente existe y gracias a la labor de este fotógrafo, se ha conseguido que unos pocos más seamos conscientes y nos sensibilicemos con la causa. Gracias al carácter próximo y humilde del periodista, el acercamiento a su obra y al motivo de esta se tornó muy agradable. Es digna de reconocimiento su implicación con el público visitante de su exposición y con el departamento de educación del Musac.

Las historias retratadas en la exposición son realmente muy trágicas, y si te acercas a ellas, te detienen a leerlas, miras las fotografías y te pones en el lugar de los desgraciados por esta causa, te das cuenta de que existe un problema muy grave que al menos en España no se ha sabido nunca atajar. Si realmente se quiere conseguir y solucionar algo, no se le puede dejar la labor a organizaciones sin ánimo de lucro, integradas por un cuerpo de voluntarios, que a pesar de que hacen una memorable labor altruista no son capaces de abarcar la magnitud del asunto sin unos medios adecuados que tendrían que ser facilitados por los gobiernos.

 

 

 

El gran teórico alemán Walter Benjamín (1892 – 1940) fue uno de los primeros intelectuales que reflexionó sobre la influencia y el impacto directo de las nuevas tecnologías en el arte y sobre la relación del público con las obras. En una época en la que grandes cambios sociales se estaban efectuando y en la que una nueva cultura moderna estaba dando a luz a una sociedad capitalista y muy urbana, Benjamín publica su ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, (1936).

El concepto más importante que introduce Benjamín es el de “el Aura”, por el que entiende lo siguiente: “Aparición IREPETIBLE de una lejanía que le confiere a la obra de arte un carácter inaccesible”. Es decir, el Aura, viene siendo un carácter casi mágico que la obra de arte posee y que le otorga un valor en sí misma. Algo que permite al espectador mantener una experiencia estética única cuando se pone en contacto visual con la obra de arte original.

A pesar de que fue Benjamín quien introdujo estas teorías creo que posiblemente se asustaría si hoy se asomara de nuevo a este mundo y contemplara que su tesis se ha confirmado y que la reproductibilidad de las cosas es imparable… Las técnicas de reproducción han evolucionado tanto que hoy en día se puede reproducir prácticamente todo. El arte ya no es algo único, ya no tiene ese carácter inaccesible. Hoy en día podemos reproducir un cuadro gráficamente, escuchar a una orquesta mediante un cd, etc. Se ha democratizado tanto el arte que ha perdido su Aura. El reto que suponía enfrentarte a un cuadro cara a cara se ve quebrado por la posibilidad de contemplarlo a través de otros medios.

Con todo esto, el arte gana y pierde a la vez aspectos importantes. Esa experiencia de distancia ya no existe, lo que supone en cierto modo una crisis y a la vez una posibilidad de renovación porque nuevas manifestaciones artísticas pueden tener ahora cabida. Tenemos ante nosotros un nuevo significado y sentido del arte. ¿Es posible que el arte se haya convertido así en un objeto de consumo como otro cualquiera? Quiero creer que no pero me temo que esa posibilidad es cada día más cierta…. O por el contrario, ¿la accesibilidad que ahora se le ofrece al público aumenta el interés por el arte y se lo acerca a todas las personas sin que necesariamente estas tengan interés por las obras que se le muestran?

Existen artes como el cine, la fotografía, que asientan su base en la reproductibilidad y existen gracias a ella; pero ¿qué pasa con la pintura, la escultura…? ¿Han perdido, por causa de los nuevos medios de comunicación de masas, su función? Creo que es necesario adaptarse a los tiempos y utilizar de forma beneficiosa lo que las nuevas tecnologías nos ofrecen, pero me asusta pensar que las futuras generaciones mediante un solo “clic” de ratón virtual puedan acceder a las grandes pinacotecas desde sus casas y contemplen las maravillas del arte a través de una pantalla de ordenador. Es necesario poner la cultura y el arte al alcance de todos pero… ¿Dónde queda entonces esa experiencia que el espectador mantiene con la obra cuando se sitúa frente a ella? Algo fundamental y esencial puede perderse si tratamos de poner tantas facilidades.

Surgen últimamente multitud de galerías virtuales, aplicaciones para acceder a los grandes museos del mundo a través de internet, etc. Esto hace que las obras de arte pierdan su esencia, su historia, su Aura… visitar las obras artísticas allí en el lugar donde se encuentran es una experiencia que el ser humano amante del arte vivirá plenamente y que le proporcionará unas satisfacciones inmensas que no serán posibles de obtener virtualmente.

A propósito, pues, de esta pérdida de el Aura en las obras de arte que vivimos actualmente, facilito una web que se inauguró hace pocos días. Una galería que fue un referente en la ciudad de León durante muchos años pero que hoy se ha convertido en una galería virtual de arte que celebra exposiciones sólo visitables a través de la web: http://www.artelancia.es

LO SAGRADO HECHO REAL


      Merece la pena dedicarle unas líneas a una de las mejores exposiciones sobre el barroco español que se han celebrado en nuestro país recientemente. Se trata de la muestra que organizó el Museo Nacional de Escultura Colegio San Gregorio de Valladolid (en su sede del Palacio Villena) y que pudo visitarse desde Junio a Septiembre del 2010:

  Lo Sagrado hecho Real. Pintura y escultura española: 1600 – 1700

      La exposición rotó por varias sedes y aunque fueron distintas, todas tenían un mismo hilo conductor: la iconografía religiosa en el siglo XVII español.

      La exposición giraba en torno a la idea de la religiosidad en la España barroca y a ese deseo por parte de la Iglesia Católica de llegar a lo más profundo del espectador (podemos mejor llamarlo devoto) de una manera muy directa. Esto se conseguía a través de unas imágenes que despiertan en quien las admira unas emociones muy grandes llegando a impactar de manera muy fuerte sus sentidos.

      En el siglo XVII, los artistas impulsados o “apadrinados” por la Iglesia, dan a luz a un nuevo tipo de realismo. Un realismo muy cercano a la vez que teatral, descarnado, sangriento y muy crudo en ocasiones con la intención de sacudir los sentidos de los fieles y conmover su alma. Es un tipo de arte al servicio de la Iglesia y de las órdenes religiosas, el que sobresale en la España barroca y esta exposición nos dio la oportunidad de contemplar y experimentar esta idea de inmejorable manera. Se exhibieron obras tan prestigiosas como : El Cristo de la Luz y el conmovedor Cristo yacente del gran Gregorio Fernández, La Magdalena Penitente y la Dolorosa de Pedro de Mena; Cabeza de San Juan de Dios de Alonso Cano; y algunas pinturas de Velázquez y Zurbarán, sólo por citar algunas de ellas.

      Además de este concepto o idea en torno al cual gira la muestra, es muy importante también el hecho de que pintura y escultura se encuentran muy unidas. Detrás de una buena talla escultórica hay siempre un gran pintor que la policroma, y sin él, el resultado final no sería el mismo. “Lo Sagrado hecho Real” pone muy bien de manifiesto esta inseparable unión entre las dos artes plásticas.

      Tuve el grandísimo placer de asistir a la exposición y salir de ella abrumada con lo que acababa de contemplar.

      El exquisito montaje que jugaba con las luces dirigidas, con las sombras y con la penumbra, conjugado con las obras de primera fila que allí se exhibieron, hicieron de esta muestra una magnífica exposición que a nadie pudo dejar indiferente. Consiguió recrear toda esa teatralidad tan arraigada en el arte barroco y en la religiosidad hispana de esos momentos en los que el Catolicisto había estado de capa caída debido a las ideas reformistas del Luteranismo. Las órdenes religiosas también jugarán un papel muy importante en cuanto a los encargos de obras artísticas y vivirán un momento de gran influencia y esplendor.

      Dejo algunas fotos para que se aprecie mejor todo lo anteriormente descrito y me despido con un último comentario: ¡¡ La entrada era gratuita!!! Para que luego digan que el arte es muy elitista y que no está al alcance de todos…

 

Parece ser una cuestión difícil hoy en día entre un colectivo medianamente iniciado en el mundo del arte (ya no digo ignorante total) pronunciarse en pro del “arte contemporáneo” sin recibir una absoluta negativa hacia este tipo de creaciones. Digo esto porque tengo la experiencia (muy habitualmente) de encontrarme con comentarios de completo rechazo hacia el tipo de arte que se está realizando en los momentos actuales. O no tan actuales… Podemos remitirnos algunos años hacia atrás en el siglo XX, cuando la pintura, por ejemplo, comienza a dejar a un lado el lienzo cuadrado o la escultura deja de representar formas más o menos entendibles para el común de los ojos de la sociedad. Una sociedad empapada de canon clásico, formas y colores “bellos”, armoniosos y realismo. Empezaremos a encontrarnos con este tipo de rechazo sistemático a partir de entonces.

Como futura historiadora del arte, tengo interés en absolutamente todo tipo de creación artística y nunca se me ocurrirá rechazar algo después de un simple primer vistazo que posiblemente no deje entrever todo lo que la obra es. Una vez comprendido el mensaje (si lo tiene), o analizado detenidamente la obra; una vez que ya he indagado sobre ello, he estudiado un poco a su creador y he intentado dar respuesta a muchos interrogantes y no me ha convencido, es posible que lo deseche de mi memoria; pero antes de esto, primero hay que saber que es lo que se está rechazando una y otra vez con un vulgar: “¡Menuda mierda! Y ¿esto es arte?”. Creo que es mi obligación.

Parece ser que estas personas que opinan sin pudores sobre el arte contemporáneo (mundo complejo, muy complejo) vienen avaladas por el total subjetivismo que hoy en día está de moda y por la famosa frase “sobre gustos no hay nada escrito”, tan repetida popularmente pero que no tiene ni un pelo de razón: se pueden llenar bibliotecas enteras con volúmenes sobre estética, y con estudios sobre el tema del gusto, de la belleza y otros complicadísimos conceptos. Esta frase (sobre la que ya hablaron en su día Francisco Calvo Serraller y Fernando Castro Flórez) se convierte en un argumento de autoridad que justifica muchas de esas opiniones sin fundamento con las que nos encontramos cuando hablamos de arte contemporáneo.

Bien es cierto que el gusto, así como otros conceptos sobre los que trata la estética del arte, ha cambiado según los momentos históricos; y por ello, por que han cambiado, yo me pregunto: ¿ Por qué nos hemos quedado atascados en el Renacimiento? No quiero exagerar, pero tengo la impresión de que muchas veces todo lo que está fuera de esos cánones que recoge la historia del arte del siglo XV o XVI son los que la mayor parte de la gente acepta sin ningún tipo de duda en hacerlo. ¿Es posible entonces que la historia haya sido injusta o haya sesgado demasiado los períodos y nos haya instaurado un modelo de arte del que ahora es muy difícil escapar? Es posible, sí, lo creo.

Aunque se que es necesario un recorrido temporal para poder llegar a saber si el arte de más “rabiosa actualidad” llegará un día a ser incluido en los libros o manuales de historia del arte, creo que no debemos rechazarlo de inmediato, démosle el beneficio de la duda y con ello una oportunidad. Hoy en día hay mucho más volumen de creación que hace 100 años, por supuesto, pero ello no significa que todo sea bueno o excelente. Hay de todo. Cosas buenas, menos buenas, excelencias y cosas para olvidar pero por esto mismo debemos informarnos, estudiarlo, interesarnos y no rechazarlo inmediatamente o nuestro futuro seguirá adorando el mármol blanco como única posibilidad válida…